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| Foto: Blog A La Colombiana |
Como
sardinas en escabeche. Multiplique por cien la eterna fila que tanto detesta hacer en el banco, luego réstele (¿o súmele?) la gente que viene saliendo en contravía, los (afortunados) que abandonan el suplicio; divida esta masa (de gente) por la resistencia de las estructuras de los puentes peatonales de entrada a algunas de las estaciones más congestionadas de la red, y de las estaciones mismas, y posiblemente tendrá una idea de cuantos heridos podría dejar un lamentable accidente si los calculistas de tal instalación pública resultaron ser demasiado optimistas, o si las especificaciones de los responsables y previsivos constructores no fueron respetadas al pie de la letra por la administración encargada de las obras. En fin, las matemáticas son ciencias exactas que no trato de tomar a la ligera en este "post", y como tampoco entiendo un rábano de
ingeniería estructural prefiero hablar de una resistencia que me atañe más: la ciudadana.
Soy un asiduo usuario del sistema de transporte masivo de la ciudad, nuestro flamante
Transmilenio, tan reprobado y vilipendiado por algunos como venerado y respaldado por otros (las
opiniones están
divididas en Bogotá), y personalmente lo prefiero sobre cualquier otro sistema de transporte actual -menos la bicicleta- pero estaría mintiendo si afirmara que todo en él es armonía y perfección. De hecho, el sistema elegido por el gobierno de la ciudad dista bastante de ser perfecto, pero a pesar de las críticas sobre la limitada cantidad de buses articulados, el precio del pasaje, la falta de rutas por cubrir, la fuga de presupuesto hacia el nuevo proyecto de la alcaldía -el metro-, etc., sus problemas más sobresalientes aún siguen siendo la falta de cultura ciudadana y la falta de organización y control por parte del Distrito. Sin estos dos factores, el SITM seguirá siendo una tortura consentida y un riesgo latente para sus usuarios: jóvenes, adultos, mujeres embarazadas, discapacitados, niños. Cientos de miles de personas que a diario sacrifican un poco su dignidad por motivos diversos, el afán, la recesión o el pico y placa vehicular.
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